Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 2.2012

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Mauro Maia Fragoso

nes en beneficios de mejoría de la tierra, tales como edificaciones de factorías y
adquisiciones de implementos agrarios; propietarios bien sucedidos económi-
camente que donaban voluntaria y piadosamente esperando la retribución es-
piritual; y finalmente los que no poseían la menor condición financiera exigida
por la implementación de la tierra. Tal diversidad económica originó la signifi-
cativa estrategia de compra y venta que facilitó al monasterio en la formación
de su latifundio y a otros propietarios que, con la receta adquirida por la venta
de parte de su propiedad, empezaron a contar con una economía que les permi-
tiera el mantenimiento de la tierra que les había sobrado14. Hasta el inicio de la
producción agrícola en la hacienda de Campos dos Goytacazes, a mediados del
siglo XVII, las tierras de Iguaęu fueron las principales responsables por la sub-
sistencia de los monjes. Entre 1613 y 1616, bajo el gobierno abacial de Fr. Ber-
nardino de Oliveira, fue construida en la hacienda de Iguaęu la primera fábrica
con mano de obra esclava destinada a moler la caña producida en dicha hacien-
da15. Tratándose de una sociedad católica y esclavista, dicha fábrica fue someti-
da al patronato de la Virgen del Rosario16. Con tal emprendimiento, el monaste-
rio inició su ascensión económica y entre los años 1651 y 1652 contaba ya con
el apoyo braquial de 109 esclavos sólo en la hacienda de Iguaęu. El monocul-
tivo de la caña hizo todavía más pobre el suelo alagadizo y la producción entró
en decadencia. En 1697, el ingenio de azúcar (finca que contenía un contenía un
conjunto de aparatos para moler la caña y obtener el azúcar en dónde se utili-
zaba la mano de obra esclava) fue transferido para Vargem Pequeña17 que junto
con otras dos propiedades, Vargem Grande y Camorim, formaban el complejo
agrario denominado hacienda de Camorim, lo que corresponde en la actuali-
dad a los barrios de Jacarepaguá, Recreio dos Bandeirantes y parte de Barra da
Tijuca. Paralelamente a la producción de azúcar, la hacienda también producía
ladrillos. En la primera mitad del siglo XVIII, se incrementó la producción de
cerámica, construyendo una segunda alfarería que, además de ladrillos, pasó
a fabricar también tejas. Con la expansión inmobiliaria de la ciudad de Rio de
Janeiro, el material producido en las respectivas alfarerías, inicialmente desti-
nado a la construcción arquitectónica del edificio monástico, pasó a ser comer-
cializado en la construcción civil, favoreciendo las finanzas de la institución
monástica. Estratégicamente situada a la orilla del Río Iguaęu, que desagua en
la Bahía de Guanabara, las vías fluviales se constituyeron como el principal me-
dio de transporte entre productor y consumidor18. En septiembre de 1871, con
14 Rocha 1991: 58.
15 Dietario-. 12.
16 Doc. 159, apud Rocha 1991: 58, 83, 343.
17 Dietario-. 52; Rocha 1991: 60.
18 Gomes 2006.
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