Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 3.2013

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TRANSITO DE SAN JOSE: UNA ICONOGRAFIA DIVERGENTE 95



Después de que Cristo se dirigió a su Padre Celestial, aparecieron los ar-
cángeles Miguel y Gabriel junto con un coro de ángeles, rodeando al maltrecho
carpintero. La Muerte expectante, vigilaba temerosa esperando que Cristo le
permitiese entrar al cuerpo de San José para efectuar su labor. Una vez conce-
dido el permiso de irrumpir, la Muerte tomó el alma josefina; los arcangeles ci-
tados la depositaron en una “mortaja de seda preciosa”, custodiándola hasta los
cielos. Finalmente, antes de las exequias donde toda Galilea se uniera en duelo,
Jesús bendice el cadáver de su padre putativo:

Y puse mi mano en su corazón, diciendo: Nunca el olor fétido de la muer-
te se apodere de ti. No oigan tus oídos nada malo. No invada la corrup-
ción tu cuerpo. No se vea atacada tu mortaja por la tierra, ni se separe de
tu cuerpo, hasta que lleguen los mil años. No se caigan los cabellos de tu
cabeza (...) ¡oh mi buen padre José! Y la dicha sea contigo”'.

La iconografía del Tránsito -surgida a finales del siglo XVI-?, se alimen-
ta de ambas versiones para configurar el desdichado momento. Generalmente,
San José reposa en cama con la cabeza ladeada poniendo atención a Cristo que
le brinda palabras de aliento; María se mantiene atenta a los pies de la cama; el
Paráclito desciende desde la parte superior en rompimiento de gloria, mientras
San Miguel espera paciente junto con un cortejo angelical, portando los atri-
butos del santo Patriarca. (fig. 2) Cualquier Tránsito que tengamos enfrente, el
elemento de mayor contraste es la representación de San José: en algunos cua-
dros aparece senil, demacrado y canoso; en otros, es joven con barbas y cabe-
llo castaño, sin rasgo de deterioro por la enfermedad; además, es muy parecido
a Cristo que se encuentra a su costado”.

?! GONZÁLEZ BLANCO 2006: 341.

? Boccaint 1991: 807-809.

* Fray Ignacio de Torres, franciscano del Colegio de Propaganda Fide en Zacatecas, argu-
menta que San José tenía un “cuerpo hermosísimo y muy agraciado”, y desarrolla varias razones
por las cuales Dios le otorgó tanta belleza: por ser la casa de un alma tan distinguida, por perte-
necer al linaje davídico, para equipararlo con la virgen María, etc. El motivo más destacado ver-
sa de la siguiente manera:

“Favoreció Dios Nuestro Señor a mi señor San José dándole un cuerpo muy parecido al de
Cristo, que el Espíritu Santo fabricó en el vientre de la Virgen Purísima, y una cara semejante en
todo a la del mismo Señor e Hijo de Dios. Los hijos se parecen a sus padres, la cara del padre es
su hijo, y la cara del hijo es un espejo de su padre (...) mi Señor San José fue hecho para que fue-

se tenido por padre verdadero de Cristo (...) Cristo y José fueron muy semejantes y en todo pa-
recidos (...)” Torres 1757: 73—74.
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