Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 2.2012

Page: 142
DOI article: DOI Page: Citation link: 
https://digi.ub.uni-heidelberg.de/diglit/aal2012/0146
License: Free access  - all rights reserved Use / Order
0.5
1 cm
facsimile
142

Paweł Drabarczyk

da con una invisibilidad [simbólica]”21. La presencia de Rosa, que fue activa en
la vida de la comunidad, que abogaba por los pobres y, como los llamaríamos
hoy, por los excluidos, fue recibida con bastante agrado en la sociedad de Lima.
Sin embargo, su presencia podía resultar peligrosa y por eso Rosa tuvo que re-
currir, de una manera más o menos consciente, a cierta estrategia. Aparte de di-
versos esfuerzos cuyo objetivo era minimizar el riesgo relacionado con su pro-
pio atractivo físico y que incluían medidas tales como cortarse el pelo, untarse
los ojos con ajo o quemarse las manos, Rosa neutralizaba su individualidad imi-
tando a Santa Catalina de Siena22.
Si compartimos la opinión de Olivia M. Espín, según la cual la estrategia
de la futura santa vacilaba entre la visibilidad e invisibilidad simbólicas, ten-
dremos que reconocer que esta estrategia gozó de un gran éxito durante mucho
tiempo después de la muerte de la terciaria limeña, y tiene sus manifestacio-
nes en la historia del arte: Santa Rosa de Lima se incorpora en la composición
iconográfica, sustituyendo y aproximándose formalmente a la santa que Isabel
tomó por modelo. En relativamente muchos casos en Polonia no se puede es-
tar seguro de cuál de las dos santas se trata. Rosa - por lo menos para los histo-
riadores del arte, los fieles generalmente no tienen problemas con esto - es a la
vez visible e invisible.
Los catálogos de monumentos de arte en Polonia enumeran menos de
veinte piezas con imágenes de Santa Rosa. Entre ellos, en la iglesia domini-
ca de Santiago en Sandomierz encontramos la parte central del antiguo políp-
tico pertenecientes al patrón de la Virgen Abogada de los Fieles que representa
a la Virgen del Rosario adorada por Santo Domingo, una santa dominica y unos
dignatarios seculares y eclesiásticos que cuentan entre otros con Segismundo
III Vasa y con el cardenal Jerzy Radziwiłł23.
Según los autores del catálogo la santa dominicana es Santa Rosa. Sin
embargo, Moisan opina que se trata de Santa Catalina, cuyos atributos inclu-
yen “aparte del libro, una corona de espinas en sus sienes y los estigmas en las
manos”24. No olvidemos que Santa Rosa también se mortificaba llevando ese
“gorro plateado con tres filas de treinta y tres espinas”, pero según se relata los
estigmas de Santa Rosa eran invisibles. La cronología nos prueba un argumen-
to fuerte que apoya a Santa Catalina. La inscripción en el cuadro indica el año
1599 como fecha de su creación. En aquel entonces Isabel Flores tenía trece
años y nada sugería que las noticias de ella llegarían a una ciudad lejana situa-
da cerca del lugar donde confluyen los ríos San y Vístula. Incluso la sola repre-
21 Petroff 1994: 163, [según:] Espín 2005: 11.
22 Espín 2005: 11.
23 KZSP 1962: 72.
24 Moisan-Jabłońska, Szafraniec 1987: 74.
loading ...