Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Hrsg.]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 3.2013

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130 ANNA WENDORFF



de cierto modelo o canon estético abona también un ámbito que se puede tra-
ducir como ciertos “modos de lecturas”. Esto inclusive nos permite retrotraer-
nos a la experiencia de Neil Harbisson, considerado como el primer ciborg, un
hombre que padece acromatopsia, aquella condición visual que desde el naci-
miento le obliga a “ver” el mundo en blanco y negro.

Harbisson, después de diseñar un dispositivo electrónico que le permite
“escuchar” los sonidos de los colores nos lleva a comprender y de esta manera
a afirmar que los colores no son representaciones, son sonidos, en este sentido
veamos lo que afirma el propio Harbisson, ćste explica: *Tenia mucha curiosi-
dad por percibir el color, no por la belleza de los colores, pero porque los colo-
res forman parte de todo”'', y posteriormente agrega:

Algo que me ha sorprendido en años de hacer retratos sonoros que nunca
he percibido pieles blancas o negras; no existen pieles blancas o negras,
todos somos variaciones del mismo tono de piel que es naranja'*.

Como tal sería incomprensible desde el punto de vista físico afirmar que
“vemos” los colores. En sí estos no existen. El color es una sensación óptica
que se produce por el efecto de una onda recibida por el ojo y que aparece en el
momento que el órgano ocular descompone la luz “blanca” que llega hasta éste.
En efecto la gama cromática desprendida de un haz de luz blanca (por ejemplo
como el arcoíris) es la descomposición producida por el efecto de refractación
de esa misma luminosidad intensa. En otras palabras la onda choca con un haz
de luz transparente, se refracta y en un sentido visual se descompone dentro de
un espectro que se traduce en una gama de siete elementos referida a la misma
onda luminosa refractada. Sin embargo, al terminarse ese proceso todo se pier-
de, se torna efímero. En consecuencia como tal no vemos los colores, de esta
manera podemos afirmar que simplemente estaríamos, o en presencia de luz
(entonces luz blanca); o en ausencia de luz (entonces no luz, oscuridad). A par-
tir de aquí podemos afirmar que por el simple hecho de que no haya luz, esto no
implica ausencia de color, en esencia lo que ha ocurrido es que no se percibe la
onda luminosa, ya que no hay destellos de esta misma luz o brillos. Sobre esta
base se monta el libro de Faría y Cottin que a cada paso empieza a ofrecernos
un espectro distinto, “El libro negro de los colores” es así una apuesta al mundo
de las percepciones y los sentidos. No importa lo que vemos, como tal lo bási-
camente necesario son sus definiciones y comprensiones.

En la literatura para niños el libro cumple una función de vital importan-
cia, y así mismo sus contenidos. Realmente las convocatorias frente a los estí-
mulos que produce el libro están destinadas al juego. Éste como un potencial

1! HARBISSON 2013.
12 HARBISSON 2013.
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