Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Hrsg.]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 8.2018

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Malena La Rocca

directamente aniquilada por la dictadura, generaron elípticamente una confron-
tación en la que homologaron al status de “cadáveres” -el resto del cuerpo hu-
mano tras la muerte- a los jóvenes que se mostrasen anuentes, conformistas,
acomodaticios o simplemente obedientes ante el disciplinamiento impuesto por
el régimen militar y sus colaboradores.
Lucena señala que la última dictadura militar argentina se ocupó especial-
mente de delimitar y regular los rasgos de la estética adecuada y deseable para
los jóvenes, quienes se presentaron como el blanco privilegiado de las acciones
“moralizantes” del gobierno militar en su intento por regular conductas, vigi-
lar acciones y prevenir posibles “desviaciones”.28 Todo aquel que escapase a las
normas y valores conservadores y autoritarios propuestos por la dictadura sería
considerado anormal/enfermo y articulado en la serie de significantes anormali-
dad-enfermedad-peligro. Esto había adquirido en Rosario ribetes represivos in-
sólitos, por ejemplo, Águila señala que una contravención a las buenas costum-
bres eran las demostraciones de afecto en el espacio público29, como es el caso
de las parejas que se besaban en las plazas, la persecución a los jóvenes que
se ausentaban de sus clases escolares y deambulaban por los paseos públicos
como también aquellos que veían filmando. Los guardianes de la moral y las
buenas costumbres que operaban en una ciudad del interior (al igual que quie-
nes lo hacían en la capital del país), buscaban disciplinar una sociedad conside-
rada “menor de edad” protegiéndola del contacto de libros, revistas, películas,
obras de teatro, músicos que juzgaban perniciosos en su cruzada de defensora
de los valores cristianos occidentales. Cucaño se apropió de la imagen infantil
que el poder había construido sobre la sociedad; si bien sus inocentes acciones
parecían juegos, idioteces de adolescentes, perturbaban el ordenamiento coti-
diano, al tensionar los ambiguos y porosos márgenes de lo que no era sanciona-
ble o sancionado aún por las fuerzas represivas. Con Las Brujas Cucaño paro-
dió el imaginario del poder sobre la sociedad, entendiendo la parodia a partir de
Agamben como la “imitación del verso del otro en el cual aquello que en otros
es serio se vuelve ridículo o cómico”.30
La apelación a la juventud no sólo se daba en clave paródica. El programa
de mano de Lágrimas fúnebres, pompas de sangre, un montaje del grupo porte-
ño afirma: “Nuestra generación desviada, abandonada, adormecida, aplastada,
reventada, agonizante, asesinada, es la doble protagonista de un funeral donde
yace y observa al mismo tiempo”.31 A partir de esta frase se complej izaba el en-
frentamiento social en términos orden/subversión que la dictadura militar fo-
28 Lucena 2011.
29 Águila 2008: 238-239.
30 Agamben 2005: 47.
31 Longoni 2012: 42.
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