Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Hrsg.]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 8.2018

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Isabel Plante

que propician los artistas migrantes, aquellos que se abrieron camino en nuevos
lugares sin perder contacto con sus ciudades de origen.
Como tantos otros artistas, Lea Lublin se trasladó a París para profesiona-
lizarse y medirse en la arena internacional. El lugar donde se realizaban las nue-
vas obras experienciales, intervenciones in situ y producciones efímeras o per-
formáticas (o donde se exhibían las obras más tradicionales) era determinante
para su resonancia internacional. En una entrevista de 1968, la artista lo expre-
saba con claridad:
El desarrollo de nuestro trabajo exige estar informado al día, instantánea-
mente, de lo que ocurre en las artes plásticas. Yo tengo ‘mi’ público en
Buenos Aires, pero París es un centro internacional de información y acá
nos enteramos personalmente, directamente, y así es posible realizar una
confrontación real, al asistir a las muestras. De otra manera, al estar ale-
jados, los artistas comienzan a seguir a los que inician un movimiento en
París sin saber profundamente de qué se trata. Acá cada uno debe crear
su propio movimiento.46
En buena medida, Lea Lublin inició un “movimiento propio”. Pero su
residencia en París no dio como resultado una carrera íntegramente europea.
A partir de sus movimientos geográficos, encontró modos propios para realizar
obras y proyectos embebidos de las posibilidades decontrstructivas del estruc-
turalismo. Por lo menos hasta 1972, la artista capitalizó desde su práctica artís-
tica los viajes y estadías alternadas entre Europa y Sudamérica. Pero si, como
afirma Williams, el campo parecía concretar los sueños de la ciudad, las institu-
ciones culturales chilenas y argentinas tomaban un sentido disímil al de las pa-
risinas o neoyorkinas.
Como artista migrante, Lublin desarrolló prácticas sensibles a esas dife-
rencias en los panoramas institucionales, las tradiciones intelectuales y también
los bagajes culturales de los públicos en una y otra ciudad. Su trabajo operó con
esas asimetrías entre Sudamérica y Europa, y permite repensar la noción de crí-
tica institucional en relación con un panorama interconectado de escenas cultu-
rales con diferentes jerarquías, tradiciones y contextos e imaginarios políticos.
De allí que nos interese reponer el sentido del lugar con el que articularon sus
propuestas estéticas, un lugar geográfico y de enunciación que con la militariza-
ción de los gobiernos sudamericanos desde 1974, se fue desvaneciendo en tanto
figura culturalmente productiva.

46 Lublin 1968.
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