Aguilar y Cuadrado, Raphael
Guadalajara - Alcalá: 48 ilustr. con texto — Barcelona, 1914

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mente la riqueza de las techumbres, que unas veces presentan col-
gantes y estalactitas, imitando las bóvedas de las grutas, y otras
una octógona cúpula con estrellas entrelazadas y con figuras de
salvajes armados de mazas.
La sala de cazadores conserva la primorosa chimenea sostenida
como al aire por delgadas columnas: en sus cinco compartimentos
figuran tres blasones y dos atletas luchando a brazo partido con un
león, y sírveles de dosel una cornisa de arquitos góticos.
A todas, sin embargo, aventaja en extensión y magnificencia la
sala de los linajes, bajo cuyo estalactítico artesonado, hecho un
áscua de oro, corre una galería cuajada de arabescos, ocupando el
vacío de sus arcos los escudos de la casa, águilas y leones, y avan-
zando a trechos, repisas y doseletes para acoger los bustos de los
ilustres ascendientes distribuidos en parejas. La grande inscripción
que orla el friso por debajo, declara que estas labores primorosas
datan de la fundación misma de! edificio. ¡No es mucho que tanta
riqueza excitara el asombro del Rey de Francia, que fué hospedado
en esta Sala!
Muchas y muy notables cosas pueden admirarse en este Palacio,
pero es forzoso hacer punto, bastando estas ligeras indicaciones
para llamar la atención sobre un monumento que por su originalidad
puede reputarse como único en España.
La escasez y pobreza de los edificios públicos y el lamentable
sistema seguido desde aquellas centurias de esplendor hasta el
presente, de cercenar y truncar, según el capricho o menester, lan-
zando inflexibles alineaciones a través de los edificios, han mutilado
y hecho desaparecer cuanto de notable existió en Guadalajara du-
rante la época de su apogeo.
La Academia de ingenieros Militares, de escaso valor monu-
mental, anima un tanto la ciudad. Al cuerpo de Ingenieros pertenece
también el Fuerte, antigua morada de los Templarios y convento
de frailes franciscanos con posterioridad. Allí estuvo preso y fué
enterrado el famoso Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, poeta festivo del
siglo xiv y cuyos restos se han perdido juntamente con los de
Alvar Gómez de Ciudad Real, secretario de Juan II y de Enrique IV.
La soberbia iglesia, de estilo gótico, el claustro y demás depen-
dencias del convento, fundación de doña Berenguela y reconstruido
a raiz de un incendio en 1394, por D. Diego Hurtado de Mendoza,
conservan grandes vestigios de su belleza, y el Panteón de los Du-
ques del Infantado, construido debajo del presbiterio, atestigua la
suntuosidad de aquellos señores.
El Instituto de segunda enseñanza está en la antigua judería.
En aquel sitio, y por los años de 1524, fundó un convento, con la

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