Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 2.2012

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Juan Ricardo Rey-Márquez

riográfico quedaría como un reclamo injusto, en el que se busque “enjuiciar”
desde las expectativas del presente los trabajos realizados en otro momento hi-
stórico. La idea es pensar críticamente algunos presupuestos que forman hasta
el día de hoy, guías imprescindibles para la reflexión sobre el arte producido en
el Nuevo Reino de Granada, bajo dominio hispanoamericano.
1
En el caso neogranadino hay un escollo historiográfico: la superioridad de
las producciones novohispanas y peruanas frente a las del Nuevo Reino de Gra-
nada; esta diferencia se justificaría en la mediocridad de los pueblos aborígenes,
carentes de la habilidad que caracterizó a los Tlacuilos aztecas o los Cumbica-
mayoc o Querocamayoc del imperio inca. Esto sumado a la pobreza atribuida
a los inmigrantes españoles, que al parecer, no fueron tan meritorios como los
emigrados a Nueva España y Perú, aparece en el juicio lapidario de Gabriel Gi-
raldo Jaramillo en “La pintura en Colombia”, de 1948:
Era imposible que en tan precario medio material pudiese florecer una
gran cultura artística; todo se oponía al desarrollo superior del espíritu,
y la aparición de un gran valor intelectual hubiera sido un contrasentido,
sin explicación alguna posible; mediocre fue el ambiente y mediocres to-
das las manifestaciones de quienes en él vivieron2.
Dos décadas después, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional
de 1968, Francisco Gil Tovar y Carlos Arbeláez Camacho ratificaron esta idea
en su libro El arte colonial en Colombia. En la introducción escrita por Gil To-
var, se explica que el mestizaje y criollismo en el arte neogranadino, surgió en
un territorio donde no hubo una “tradición brillante” como la azteca o la inca,
situación reforzada por españoles carentes de “altos blasones que temieran la
impureza de sangre”; así se dio origen a “un pueblo medio, dispuesto a dar un
arte a su medida”3. Como resultado de tales condiciones, Gil Tovar encuentra
en Nueva Granada una débil voluntad de forma y por ello la inexistencia de me-
stizaje indígena en Colombia, a diferencia de México y Perú (sic)4. Este contra-
dictorio y mediocre “mestizaje sin mestizaje”, produjo un arte de la impericia.
Gabriel Giraldo Jaramillo compara el arte americano de los siglos XV
y XVI con “los primeros balbuceos de un niño, llenos [...] de vicios fallas y de-

2 Giraldo Jaramillo [1948] 1980: 73.
3 Gil Tovar 1968: 11.
4 Gil Tovar 1968: 12-13
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