Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 2.2012

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La extracción de la piedra de la locura

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al hospital psiquiátrico de Bárbula52 (tal como lo afirma el mismo Téllez) con
el objeto de transformar la escena de la fiesta y del juego de niños en ese límite
que se plantea la diferencia, y el acercamiento de lo festivo a lo patológico, a lo
carnavalesco, al discurso trastocado. En este sentido el artista escribe:
Los dormitorios de Bárbula en el Museo de Bellas Artes constituirán la
‘mise en scene’ para la realización de una fiesta infantil, fomentando así
el “intercambio dramático de la locura” (Foucault). Las piñatas realiza-
das por los enfermos mentales como representaciones de psicofármacos
en uso, serán parcialmente destruidas por el público que acuda a la inau-
guración; dislocando así la condición escultórica que estás habían adqu-
irido dentro del contexto expositivo53.
Lo que asocia la infancia a la locura, y la condición del artista como niño
travieso es que durante este periodo de juego/sinrazón, también se definen, y se
establecen campos bien diferenciados que se manifiestan como un tipo muy
concreto de construcciones. Téllez ha dicho: «son construcciones que se produ-
cen precisamente en el momento de la infancia. Al igual que construcciones ra-
ciales o étnicas, o las construcciones de la diferencia»54. Lo normal o lo patoló-
gico es una construcción inmersa en el orden discursivo que produce efectos de
acuerdo a ciertas modelizaciones y valoraciones de las prácticas.
El Toco’ en cierto momento toma a lo infantil, a una apuesta por el juego,
así como el ‘niño travieso’juega a las rupturas frente al orden, pero a diferencia
del Toco’, el niño nunca es un «sujeto a corregir»55, por lo menos no en térmi-
nos jurídicos, y por supuesto dependiendo del nivel de juegos en el que se des-
envuelva. Por ello no es casual que en «La extracción de la piedra de la locura»
de Téllez haya intentado redefinir el concepto de espacio museístico considera-
do como aquel espacio ‘sagrado’ que no se puede profanar, que debe estar ha-
bida cuenta de su objetivo, todo el tiempo vigilado, y que deberá manifestar su
propia zona de control. Afirma el propio Javier Téllez que la relación entre los
espacios de museos y los psiquiátricos (que son espacios higiénicos, espacios
de control, espacios silenciosos56) remiten directamente a, según él, y como lo
indicaba Theodor Adorno cuando «señaló como no gratuita la semejanza foné-
tica entre las palabras ‘museo’ y ‘mausoleo’, develando así las connotaciones

52 El Hospital Psiquiátrico “Dr. José Ortega Duran”, desde su fundación en el año 1951, cre-
ado como una Colonia Psiquiátrica, con una estructura física de veinte (20) pabellones, y capaci-
dad de 1.800 camas, contaba con todas las características propias para funcionar como tal. Véa-
se en: Hospitalpsiquiatrico 2013.
53 Téllez 1996a: 43^14.
54 Metrópolis 2011-Javier Téllez.
55 Foucault 2001: 63.
56 Metrópolis 2011-Javier Téllez.
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