Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 3.2013

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76 KATARZYNA SZOBLIK





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[Fig. 8. Las puntas de autosacrificio decoradas con flores (Códice Borgia, fol. 22).]



En los Cantares mexicanos, la flor, dependiendo del contexto, podía desig-
nar la guerra misma, a un guerrero, a un cautivo de guerra y finalmente, como
propone Bierhorst””, también a los espíritus de los soldados fallecidos, evoca-
dos en los cantos rituales. La conceptualización de los guerreros en términos de
una flor estaba también vinculada con la semejanza entre la fugacidad de la vida
humana y la delicadeza de la flor que fácilmente se marchita. De esta inquietud
existencial tratan varios icnocuicatl, “cantos de orfandad”, como él cuyo frag-
mento se cita a continuación:

Xoxopan xihuitl ipan Nos vamos haciendo cual hierba
tonchihuaco: hual cecelia - en cada primavera: viene a brotar,
hual itzmolini in toyollo viene a estar verde nuestro corazón,
xochitl in tonacayo: es una flor nuestro cuerpo,

cequi cueponi: on cuetlahuia abre unas cuantas corolas:

(CM fol. 14v) entonces se marchita.

(trad. Garibay 1965: 135)

Por otra parte, las flores mencionadas en numerosos yaocuicatl, “cantos
de guerra”, abren sus corolas precisamente en el campo de la batalla. Allí los
corazones de los guerreros llegaban a florecer, es decir, conseguir su mayor va-
lor, al ser ofrecidos al Sol directamente en la lucha o, posteriormente, en la pie-
dra sacrificial de los enemigos, asi como lo describe el canto siguiente:

37 BigrHORST 1985a: 17-18.
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