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Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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Ricardo González

ocurría en el caso del Socorro. El resto de las cofradías se disponían en las capi-
llas laterales de las naves, ubicando sus altares bajo los arcos formeros que las
conformaban. Si éstos eran profundos, como en la Merced, era común que se
cerrase el espacio con una reja.
La distribución en las naves estaba regida, tanto en ubicación como en ta-
maño, por la jerarquía canónica, institucional o social de la hermandad pro-
pietaria, a la cabeza de las que figuran las terceras órdenes, seguidas por las
cofradías de españoles nucleadas en torno a las advocaciones tutelares de las
órdenes. En las capillas llanas de las naves se escalonaba el resto de las herman-
dades constituyendo un complejo representativo de la sociedad colonial en su
conjunto. Este sistema, que integraba cofradías de diferente composición esta-
mental en un espacio único, conformaba una representación material de la tra-
dicional idea cristiana de “cuerpo social”, en tanto integración de estamentos
jerárquicamente diferenciados, superpuesta o encarnada en la idea de “cuerpo
de Cristo” que el mismo templo representaba.
Las imágenes de las cofradías
Es necesario aclarar antes de empezar que las imágenes de culto tenían
un valor dado por la práctica devocional o por la historia de sus hechos o de su
culto, antes que por su configuración plástica. No eran, estrictamente hablando,
objetos artísticos, y por eso su valor dependía de otros parámetros. Algunas de
las imágenes más consideradas de Buenos Aires colonial son de poca significa-
ción artística, pero eso no les restaba valor a la vista de los fieles. Las escasas
obras que disponemos del siglo XVII o fines del XVI, muestran lo enunciado.
La imagen de la Virgen del Rosario [fig. 2], que probablemente sea la original
o de comienzos del siglo XVII, y la de las Nieves [fig. 3], vicepatrona de la ciu-
dad y registrada desde 1611, son pequeñas imágenes de realización estándar,
pese a la importancia que su culto tuvo en Buenos Aires y parece probable que
ambas hayan pertenecido a particulares o religiosos que, tal como la leyenda
del obispo Guerra señala para la del Rosario, las donaron a iglesias o cofradías,
convirtiéndose en el desprovisto medio local en objetos de devoción popular.
Están resueltas de modo frontal, con carácter estático y cierta rigidez acentua-
da por la geometrización y la desanatomización de la figura producida por los
vestidos, agregados posteriormente. Son características imágenes de devoción,
que evitan el sentimentalismo y la dispersión en relatos que podría producir una
gestualidad alusiva a la acción.
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