Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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Ricardo González

El segundo conjunto de piezas de cofradías porteñas conocidas son cinco
obras realizadas hacia 1780 y que pertenecían a la hermandad franciscana de
Santa Rosa de Viterbo y a las de Santa María del Socorro y del Santo Entierro
de Cristo, en la Merced, a la de Santo Tomás de Aquino y de Santa Catalina en
Santo Domingo y a la dedicada a San Eloy, en la iglesia de Santa Catalina. To-
dos ellos son anteriores a la llegada del clasicismo. El de Santa Rosa de Viterbo
[fig. 21] pertenecía a una cofradía de mulatos y ejemplifica bien el modelo de
retablo lateral de tres calles que domina la década con su juego de avance o re-
troceso del nicho central y el esviaje de las calles laterales que suelen además
curvarse y presentar las imágenes sobre repisas. Este diseño básico, rematado
generalmente por un ático semicircular se reitera en varias obras de este grupo.
Los de Santa María del Socorro [fig. 22], concluido en 1788 y del Santo Entie-
rro de Cristo [fig. 23], del templo de la Merced y contemporáneos, tienen una
evidente afinidad y han sido atribuidos a Tomás Saravia61, quien simultánea-
mente había realizado el notable retablo mayor del templo [fig. 24] en cuyo ni-
cho principal se hallaba la imagen de la cofradía del Santo Escapulario (no es la
imagen actual). Si bien la atribución parece justificada por el estilo de talla rico
y variado, con buen manejo de la volumetría en los ornamentos que da plastici-
dad a las piezas, parecen también vinculados a dos retablos dominicanos que en
seguida veremos y que tienen rasgos luso-brasileros. Los dos mercedarios tie-
nen una planta movida, con sentido opuesto: en el de Santa María del Socorro
avanza la calle central, en el del Santo Entierro, las laterales. En ambos, tam-
bién de manera opuesta, el autor combina en orden inverso columnas de fuste
liso con pilastras avolutadas - una fórmula luso-brasilera - sostenidas por mén-
sulas cubiertas de ornamentación, siendo también similar la disposición de las
imágenes laterales sobre repisas curvas en las calles esviadas y los áticos semi-
circulares. Con estos dos retablos puede vincularse el de Santa Catalina [fig.
25] en la iglesia dominicana, cuya planta reproduce muy de cerca la del Santo
Entierro, mientras que la combinación de pilastras con volutas y columnas rei-
tera la posición de los mismos elementos en el de Santa María del Socorro. En
el de Santo Tomás [fig. 26], el abandono del juego columna-pilastra constitu-
ye una variación que amortigua la similitud del planteo general, la disposición
de la planta y la resolución del ático. Los retablos dominicanos deben fecharse,
como los mercedarios, hacia fines de la década de 1780, fecha en que se produ-
jo la finalización del templo, lo que abrió paso a la construcción de los nuevos
altares62. De menor interés, aunque del mismo tipo, es el de la cofradía de los
plateros de San Eloy en la iglesia de Santa Catalina.

61 ANBA 1998: 214 y 215.
62 ADBA, 1677-1819: julio de 1789. Ver también Millé 1964:319.
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