Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Hrsg.]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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Teatro Evangelizador

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América no significó la constitución de un reconocimiento a la diferencia, sino
la destrucción de un otro mundo que resultaba imposible para el pensamiento
español de la época comprenderlo. Fue también la flagrancia de una operación
sistemática de control y ejercicio de la comunicación y sus poderes, que queda-
ba subyacente todavía en el inconsciente de los franciscanos, inclusive domini-
cos, jesuítas y en general de los religiosos que impusieron en muchísimas oca-
siones a sangre y garrote el proyecto cultural de la España colonial. Visto desde
esta perspectiva es imprescindible mirar el asunto desde otro ángulo; en este
sentido Horcasitas apunta:
Cuando el cristianismo, desde el siglo primero hasta el décimo, se fue di-
fundiendo del oriente del Mediterráneo hacia occidente [...] y hacia el
norte [...] los misioneros utilizaron varios sistemas para ganarse adep-
tos: la predicación, la lectura de los Evangelios, el ejemplo personal, la
incorporación de elementos religiosos locales ya existentes - hasta se uti-
lizó la misma fuerza física -. Sin embargo, no sé de un caso en que el te-
atro haya servido de arma para el proselitismo. El drama que existió en
Europa durante la Edad Media no tenía el fin de convertir a tribus paga-
nas, sino de reforzar la fe de pueblos que ya habían sido cristianos duran-
te muchas generaciones7.
Desde lo que intentamos plantear, aquí subyace a nuestro juicio una de las
primeras omisiones de la nota de Horcasitas, no intencionales quizá; y es que,
en la Europa del Mediterráneo, toda la fuerza sobre la carga de ese imagina-
rio ya funcionaba perfectamente bien mucho antes de que el teatro pudiera in-
gresar en el fuero de aquellos dominios. Digamos que la fe era “una máquina
bien aceitada” de control y orden político e ideológico. Además, todavía muy
entrada en la Europa renacentista, diferentes órdenes clericales ejercían mucha
fuerza de poder. En cambio, y por ende totalmente al contrario del ejemplo eu-
ropeo, en el contexto hispanoamericano, los españoles y la conquista tuvieron
inevitablemente la necesidad y obligación de configurar y modelar un nuevo
«mapa» religioso con el objeto de desarrollar su empresa ideológica en tanto la
necesitaba con urgencia la colonización. Como se observa, todo ello con el fin
de cubrir sistema y orden de manera que la colonización no sólo se sustentara
sobre la base de una ocupación territorial y de un poder militar, sino también
de un poder cultural y por ende un cuerpo de transferencia de saberes. Para los
miembros del clero de aquel momento, fue el objetivo del ejercicio de una ley8,
aquella que se autoregiría en el marco del poder de la fe. Por supuesto, para el
mundo «indio» esta fe se convertiría en lo que simbólicamente podemos llamar
7 Fernando Horcasitas 1975:17-18.
8 En el sentido que Lacan lo define desde el psicoanálisis en el trabajo de Franck Chaumon.
La ley, el sujeto y el goce: Lacan y el campo jurídico. Buenos Aires: Nueva visión, 2005.
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