Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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El diablo, el pirata y Felipe Calderón. Caras de los Judas en México

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la atención de los grandes maestros. Diego Rivera y Frida Kahlo encontraron
en su camino a Carmen Caballero, una judera humilde y trabajadora, que des-
de aquel momento fue nombrada por Rivera como su “judera de cámara”11, se
convirtió en una judera excepcional. Al mirar las piezas de doña Carmen, Die-
go Rivera decía: “Carmen Caballero es una artista genuina de enorme talento,
en sus obras hay una formidable potencia de ironía”12. Hoy en día, muchas de
las obras de Diego Rivera como las de Frida Kahlo, son testigo verdadero de la
relación extraordinaria entre los artistas profesionales y tradicionales y el inte-
rés profundo por el arte tradicional.
Así como con Carmen Caballero, ya no más una persona desconocida que
vendía sus piezas de cartonería en la calle, las cuales hoy en día están expuestas
en la Casa-Estudio de Diego y Frida, también Pedro Linares tenía relación ar-
tística con el pintor veracruzano José Gómez Rosas. Artista, conocido familiar-
mente como El Hotentote, profesor de la Academia de San Carlos, aproxima-
damente en los años 1950-1958, encargó a don Pedro Linares que le hiciera en
base a sus dibujos, las máscaras para el famoso baile de la Academia. El contac-
to directo con el sistema formal de educación artística, y sobre todo con el Pa-
trón, no solo ayudó al Linares desarrollar la obra (o sea: la forma, técnica, uso
de materiales y colores) sino también, como destaca Felipe Linares, hijo de don
Pedro, se ha creado su identidad como artista “ayudándole clasificarse y situar
su obra entre el contexto del arte formal mexicano”13.
En su forma y decoración, los primeros alebrijes están lejos de los recien-
tes. No eran “animales fantásticos, ni monstruos híbridos y alados de mil co-
lores con afilados dientes y garras, ojos saltones y lenguas enormes”14. Se pa-
recían más a Judas, figuras satíricas, de quienes se burlaba la muchedumbre.
Su elemento real fue asentado por un cuerpo de hombre, bastante grueso, rígi-
do y de anatomía torpe. Lo fantástico fue subrayado por la cabeza de un animal
y alas en el cuerpo humano, pero su figura se parecía más a los Judas15.
Con el tiempo, la transformación de alebrijes abarcó la forma del cuer-
po: lo humano se convirtió en animal. Las partes particulares de los alebrijes
se volvieron muy elaboradas, ya no se parecían a los peleles de Semana Santa.
Ganaron su propia identidad, expresión y movimiento: boca abierta con dien-
tes afilados, alas, garras, y características de la fisionomía de serpientes, gallos,
dragones, aves, criaturas del mar y de la tierra. Actualmente, los alebrijes son

11 Tibol 1998: 25.
12 Tibol 1998: 26.
13 Texto originario: “helping him to place himself and his work within the context of formal
Mexican art”, Masuoka 1994: 129.
14 Iruretagoena Olalde, López de Silanes Vales 2003: 262.
15 Masuoka 1994: 100.
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