Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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El diablo, el pirata y Felipe Calderón. Caras de los Judas en México

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rots junto con los trastos viejos. Con el tiempo le fueron añadiendo muñecos
por medio de los cuales se hacía crítica social o política. Estos podían repre-
sentar, por ejemplo, la caricatura de algún personaje que era el hazmerreír del
barrio. Hoy en día se trata de monumentales figuras grotescas de cartón y es un
verdadero arte efímero de lo más elaborado”17.
Los cronistas y escritores de la vida mexicana encuentran la costumbre de
la quema en el siglo XIX. José D. J. Nuñez y Domínguez, en su ensayo titula-
do Los Judas en México publicado en la revista “Mexican Folkways” en 1929,
hace referencia a los relatos de cronistas, escritores e investigadores, y cita sus
observaciones de aquel tiempo. Uno de ellos fue un gran erudito mexicano,
Don Luis González Obregón (1865-1938) quien describió de la siguiente ma-
nera esta costumbre:
Yo recuerdo, que siendo niño, durante la Semana Santa, se vendían, entre
otros muñecos que representaban a Judas Iscariote, unos que eran repre-
sentaciones de los herejes, que al terminar los «Autos de fe», se quema-
ban como consecuencia de las sentencias por el Santo Tribunal de la In-
quisición. Aquellos muñecos de cartón o de barro, tenían todo el aspecto
de los penitenciados por el Santo Oficio18.
Más adelante el historiador sigue:
Los niños de los tiempos en que imperaba el Santo Tribunal de la Inquisi-
ción, asistían a la ejecución de los reos... A los prófugos se les quemaba
en estatua que se hacían con armazones de carrizos, revestidos de papel
maché como se fabrican los Judas de cartón. Los niños, con esa tenden-
cia imitativa que los caracteriza, después de presentar los autos de fe,
iban a jugar en sus casas y quemaban muñecos que fingían ser los reos
del Santo Oficio; y la personalidad de Judas, tenía que ser el hereje por
excelencia.. ,19.
Originaria de Extremadura y Andalucía, la costumbre española también
se implantó en otros países que pertenecieron durante los tiempos coloniales
a España, como Cuba y Perú. Sin embargo, en Brasil también se conserva esta
costumbre hasta nuestros días.
Las primeras relaciones sobre la quema de Judas, nos vienen dadas por ob-
servadores y cronistas de los siglos XIX y XX. Entre sus autores destacan: el ya
mencionado Luis González Obregón, Genaro Estrada, la marquesa Calderón de
la Barca, Guillermo Prieto o Marco Arróniz20. A las figuras acartonadas, llenas
de pólvora y cohetes, las llaman Judas. Se las cuelga de cuerdas entre los edifi-
17 Bartra 1994: 56.
18 Nuñez y Domínguez 1929: 92.
19 Nuñez y Domínguez 1929: 92.
20 Luna Parra 1992: 82-86, Nuñez y Domínguez 1929: 93-98.
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