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Anna Wendorff

término de la vida, pero era un estado dentro de un ciclo eterno en el cosmos.
“La vida no tenía función más alta que desembocar en la muerte, su contrario
y complemento; y la muerte, a su vez, no era un fin en sí; el hombre alimentaba
con su muerte la voracidad de la vida, siempre insatisfecha”- cuenta escritor17.
Uno de los elementos del rito de los muertos eran las ofrendas humanas,
pero también la comida, las flores, las candelas y el incienso. Se creía que las
almas de los difuntos se alimentaban con el aroma que emanaba de los platos.


[Fig. 5. Rito de sacrificios humanos pintados por los aztecas.]

El nombre de los sacrificios era proporcional a la importancia de la muer-
te. Las fiestas para los adultos y para los niños se realizaban por separado. El
rito de la muerte era muy complicado y aún más cuando el muerto ejercía una
alta posición social. El respeto a los difuntos se manifestaba entre otras cosas
en la preparación del cadáver ante su enterramiento o la cremación que esta-

17 Paz 1993: 63-64.
 
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