Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 2.2012

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La dinámica cultural de una sociedad mediante. ..

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tel sólo ingresaban en el trabajo pesado después de haber cumplido 14 años de
edad. Antes de eso, los niños eran iniciados en las actividades domésticas, por
veces en casa de terceros y en los más diferentes talleres claustrales. Los más
aptos eran destinados a talleres especiales según su aptitud. De aprendices pasa-
ban a oficiales. En el ámbito de las artes visuales, Miguel de Loreto, José Bento
y el maestro Antonio Teles, fueron los que lograron mayor destaque en la pro-
ducción de imaginaria devocional. Ya el elenco del ámbito musical está com-
puesto por los organistas Matias, Inácio, Jerónimo, Bonifacio de Narcisa y José
Campista50. El campo de trabajo de las mujeres era más restricto que el de los
hombres. Sin duda, la cocina era el sector de primacía femenina. A la función
de cocineras, se seguían las profesiones de hiladoras, tejedoras y costureras, en
la lista de las más ligeras. Quedando la fabricación del aguardiente y el refina-
miento de azúcar para la lista de las más pesadas. En la segunda mitad del siglo
XVIII la profesión de pastelero es incluida como novedad en la enumeración
de las profesiones existentes51.
Dieta alimentar - Genéricamente la alimentación de los cautivos era
siempre registrada en el diario de la cocina común del monasterio con la simple
inscripción de ración para los esclavos, excepto para los que estaban enfermos.
Los monjes como fieles seguidores de San Benito extendían los preceptos de
la regla también a los esclavos, sobre todo en la enfermedad, ocasión que San
Benito determina mayor celo para con sus súbditos (Bento 36). De ese modo,
la inclusión de pollo en la dieta, sea de los monjes, sea de los siervos, especial-
mente de las parturientes, era un acto de caridad de los señores y cocineros ha-
cia Cristo en la persona del enfermo siguiendo la espiritualidad benedictina.
Durante el siglo XVII y parte del XVIII, la base de la alimentación común en
el monasterio fúe yuca cruda, cocida o en forma de harina. A ésta se sumaban
también los derivados de maíz, que era consumido cocido o asado y en forma
de “canjica” o harina (fubá), acompañado, la mayoría de las veces, de pescado
o carne vacuna52. Los cautivos también se servían de frutas, dulces, biscochos
y quesos. El uso de arroz y de poroto se hizo más frecuente después de la se-
gunda mitad del siglo XVIII53. La regla benedictina escrita en un contexto en el
que el vino era un elemento trivial en la refección diaria, sufrió adaptaciones al
ser implantado en Brasil, en donde los monjes lo sustituyeron por el aguardien-
te distribuida en la sólita ración de sus trabajadores54.

50 Fragoso 2011: 29.
51 Rocha 1991: 85.
52 Rocha 1991: 84.
53 Rocha 1991: 81.
54 Piratininga 1991: 33.
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