Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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Ricardo González

Las imágenes de vestir que hemos consignado corresponden, con excep-
ción de las dos últimas, a advocaciones de María. Desde el punto de vista plás-
tico, el reemplazo de la talla policromada por el vestido implicaba la pérdida
del magnífico efecto producido por los estofados de calidad, pero a cambio in-
crementaban el grado de verosimilitud acercando la imagen a la personifica-
ción. Este acercamiento parece por otro lado contrapesado por la forma rígida
y hermética que adoptan los mantos que en cierta manera aislaban la imagen en
el universo geométrico de los terciopelos, brocados y joyas, en un juego simul-
táneo de “mimesis y distanciamiento”. Como vemos hay en el siglo XVIII una
clara preferencia por las imágenes de vestir, mientras que las esculturas que co-
nocemos del siglo XVII eran, al menos originariamente, de bulto.
Desde el punto de vista de la calidad las obras españolas no son, salvo
quizás el Santiago Apóstol de Ferreiro, de mayor interés artístico y varias tie-
nen escala doméstica. Más expresivas son las provenientes del mundo andi-
no, como las de San Roque y algunas de las producidas en Buenos Aires, como
el Santo Cristo o el San Benito de Palermo. En todo caso y como dijimos, las
esculturas prestaban su colaboración a las prácticas de las hermandades, sin
demasiados reparos en consideraciones estéticas, aunque su configuración era
permeable a las nuevas exigencias de la representación artística.
El vínculo establecido con las imágenes
La práctica del vestido implicaba un acercamiento que incorporaba aspec-
tos de la vida cotidiana, las costumbres y hasta la legislación vigente al víncu-
lo con las imágenes. En otras palabras, hacía evidentes las repercusiones de las
concepciones y los usos sociales en esa relación. La preferencia de las imáge-
nes de la Virgen para la aplicación del vestido, parece remitir a cierta “socia-
lización de la experiencia artística”, esto es, la homologación de los procedi-
mientos plásticos con la práctica social y las costumbres vigentes. Muchas de
las alhajas, joyas y telas con que se adornaban las esculturas provenían de do-
naciones particulares y en muchos casos se trataba de elementos que habían
pertenecido al equipamiento propio de quien la cedía, de modo que al donar-
lo y usarlo en el arreglo de la imagen se establecía un lazo muy directo entre
la práctica privada y la actividad devocional. Sin duda era la figura femenina
la que concentraba el adorno en la vida real y esta tradición parece trasmutar-
se a las imágenes de María, arregladas de un modo semejante al de sus devotas,
al punto de que para poder hacerlo se modificaron las características originales
de imágenes antiguas y veneradas, según vimos. El servicio de vestido y cui-
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