Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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Teatro Evangelizador

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tarjeta de presentación personal, hay algunas tarjetas que impresionan
y que me hablan de la persona que me la entrega18.
La puesta en práctica de cierta producción de sentido, y ciertas prácticas
de significado auguradas en la nota de Quevedo, nos anuncia que en muchas
ocasiones priman más ciertos soportes de comunicación antes que contenidos.
Quevedo nos trae a colación un replanteo de la fórmula que ya apoyaba Mc-
Luhan y el cual a su vez nos lleva directamente por el sendero de: «el medio es
el mensaje». En consecuencia, puesto que: «“el medio es el mensaje” porque es
el medio el que modela y controla la escala y forma de las asociaciones y traba-
jo humanos [.. .]»19, por ello también el teatro se transforma en un «adminículo»
de uso más que en lo que gesta su propio universo territorial, la teatralidad. La
teatralidad que ejerció el teatro novohispano está formada más bien por una
presentación que podríamos calificar mediadora entre los conquistadores y sus
espectadores-actores, ios indígenas. Es decir, que los franciscanos abandonaron
lo que en el teatro es propiamente escénico, y lo transformaron en un arma de
elevación ideológica. No obstante, deberíamos hacemos todavía algunas pre-
guntas que parece esencial planteamos: ¿Fueron importantes los contenidos en
el teatro novohispano? Efectivamente sí, pero para los clérigos estaba más que
claro cuál era la intención y lo que deseaban comunicar de esos contenidos, por
lo tanto la barrera, la distancia estaba sentada precisamente sobre la base de los
soportes. Como el teatro podría resultar un mecanismo efectivo, porque las “et-
nias” tenían ciertos actos representados en distintas formas de “actuación”, eso
establecía un primer y amplio puente de comunicación.
El segundo elemento más importante fue que, llegado el momento, las re-
presentaciones estuvieron a cargo de los indígenas mismos, porque estos obvia-
mente conocían su lengua mucho mejor que los sacerdotes, y con ello podría
asimilarse más rápidamente un gran proceso de identificación entre espectador
y representador20. Miguel León Portilla o Fernando de Horcasitas entre muchos
otros, elaboran registros que podemos considerar bastante particulares y rela-
cionarlos con este tema del soporte que se halla dentro de un proceso de gestión
comunicacional. Así nos lo refiere Portilla:

18 Las cursivas son nuestras. Quevedo 2010: 10.
19 McLuhan 1996:31.
20 No decimos aquí actor, porque pensamos que estos no fueron actores en senti-
do estricto de la palabra, ni siquiera aún si la tomáramos en consideración más libér-
rima de su definición. Antes bien, que clasificarlos como actores podemos llamarlos
«representadores de oficio» quienes inclusive fueron educados en el arte de la confec-
ción de vestuarios, interpretación de textos, música, etc. Tal como lo explica Germán
Riveros, los franciscanos usaban toda suerte de accesorios necesarios, inclusive animales
si así lo necesitasen. Para la mención de Riveros véase: Riveros 2004: 45.
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