Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Hrsg.]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 4.2014

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¿ ClDADE MARA VILLOSA ?

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vive hoy en día en una favela. Esta mayoría predominante despierta una aver-
sión y miedo en los ciudadanos minoritarios de los llamados bandos buenos6.
Los habitantes de Río y de Sao Paulo ni siquiera conocen el número pre-
ciso de favelas existentes en sus ciudades, lo que demuestra muy bien cómo la
minoría gobernante ignora los problemas de la mayoría. Hoy los medios de co-
municación ya están presentes en las favelas, pero nadie pregunta por las causas
de la falta de relaciones entre las autoridades y los habitantes de estos barrios,
y menos aún por la falta de comunicación real con los políticos, órganos judi-
ciales o servicios policiales. Las informaciones trasmitidas acusan sobre todo
a los habitantes de favelas y les echan culpa de la violencia presente en aqu-
ellos territorios7.
La acusación más seria es la de apoyar a la delincuencia organizada. Los
informes de la ONU, de la UNESCO y los nacionales (entre otros A. L. Dowd-
ney, T. Gibb) ya desde hace años advierten que en Río de Janeiro de un tiro
muere más jóvenes menores de 18 años (hasta 450 personas por año) y hay más
adolescentes armados (aprox. 6000 mil) que en los terrenos de conflictos mili-
tares, como por ejemplo entre Israel y Palestina (allí el número de muertos es
cuatro veces menor).
Un estereotipo de la favela presente en la mentalidad social es injusto,
porque muestra a sus habitantes como la gente deshonesta, unos bandidos,
ladrones, narcotraficantes y prostitutas8. Unos pocos estudios sociológicos pro-
fesionales que se han hecho al respecto presentan a los habitantes de las fave-
las como una gente pobre, marginalizada, que trabaja duramente y sin su volun-
tad queda involucrada en la situación en la que para sobrevivir tiene que virar
entre las pandillas que controlan los bandos y las fuerzas policiales coiTuptas9.
Con poca gana se mencionan las dificultades de la vida cotidiana en esas zo-
nas, la falta de la infraestructura básica (como redes de comunicación, alcanta-
rillado, electricidad, agua potable), porque esta imagen contrasta drásticamen-
te con la imagen de la Cidade Maravillosa (Ciudad Maravillosa). La mayoría
de los habitantes de Río de Janeiro sigue manifestando abiertamente su mie-
do, asco y desconfianza hacia los de favelas. Pocos de ellos recuerdan que es
gracias a esa gente que la ciudad puede funcionar, ya que de favelas provienen
miles de personas empleadas en el sector de trabajos más bajos: obreros, ayu-

6 Czerny 2012.
7 Valladares 2005.
8 Valladares 2005.
9 Domoslawski 2008.
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