Polski Instytut Studiów nad Sztuką Świata [Editor]
Sztuka Ameryki Łacińskiej: studia o sztuce kolonialnej, nowoczesnej i współczesnej — 8.2018

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María Laura (Malala) González

componían las imágenes/escenas o, en denominación de Carlos Pacheco, “es-
quemas corporales”28, al estar fragmentados por apagones recurrentes.
Estos cuerpos cargados de una gestualidad facial mínima, no diferencia-
dos, no individualizados, se amontonaban, se abrazaban, se superponían, se se-
paraban para crear las imágenes colectivas de una masa humana. Hablaban de
la alienación, de la desesperación, de estar juntos o separados al borde del pre-
cipicio, de estar en una situación límite entre la vida y la muerte, hasta final-
mente llegar a colocarse el ropaje cultural, como aquello que los limitaba y di-
ferenciaba.29 Por su parte, Trastoy y Zayas de Lima, explicaban que:
Desde el comienzo los objetos se relacionaban dialógicamente con el
cuerpo de los actores y los libros que permitían la lectura de un cuento
de Borges se incendiaban al final del espectáculo entre las manos de los
performers. Los cuerpos se exhibían escultóricamente reunidos, desnu-
dos, patéticamente calzados en zapatillas deportivas, ocultando a veces
sus genitales con terribles imágenes de castración. Finalmente los perfor-
mers se vestían para poder realizar la lectura, marcando un pasaje de lo
primitivo y lo elemental hacia lo intelectual y hacia los códigos sociales
(¿de la prehistoria a la historia?).30
Mientras que la segunda parte, Almas -inspirada en Memorias de un neu-
rópata de Sigmund Freud- planteaba otras líneas de acción: “un sueño con
bomberos sueña en escena el sueño de un alma afiebrada sobre una manada”.31
Allí LON se aproximó hacia la recreación de un mundo onírico e interior en
el hombre, preguntándose si era posible que exista aquel que conoce lo desco-
nocido.32 Para ello, mostraban el sueño surrealista de un joven bombero, como
“una pesadilla, descripta en un estilo muy naif’.33 Este personaje soñaba su pro-
pia persecución por parte de unos hombres uniformados que llegaban para so-
meterlo e irrumpir su descanso y alterarlo.
La música -envolvente de sirenas, sonidos de disparos y armas de fuego-
y la escenografía- un reloj gigante, una cama que hacía desaparecer personas,
carpas en el suelo que se inflaban de repente, un robot parecido a un pequeño
faro, velas que se encendían solas, entre otros elementos de utilería- genera-
ron sobre el espacio escénico una atmósfera bastante enrarecida, a medida que
el relato avanzaba.34 Según declaraban los propios integrantes de LON, en ese
28 Pacheco 1992: 27.
29 Mazas 1992b: 4.
30 Trastoy, Zayas de Lima 2006: 77-78.
31 Programa de Almas 1992.
32 Mazas 1992a: 4.
33 Pacheco 1992: 27-28.
34 El relato escénico también lograba articular reminiscencias estilísticas con imágenes rela-
tivas a los mundos creados por Lewis Carrol, Fritz Lang o Salvador Dalí, las cuales resultaron
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